|
Como anima |
||
|
La
historia que más me ha impresionado en mi vida, la más
brutal y al mismo tiempo la más humana, se la contaron a Ricardo
Muñoz Suay, en 1947, cuando estaba preso en la cárcel de
Ocaña, provincia de Toledo, España. Es la historia real de
un prisionero republicano que fue fusilado en los primeros días
de la guerra civil en la prisión de Avila. El pelotón de fusilamiento
lo sacó de su celda en un amanecer glacial, y todos tuvieron que
atravesar a pie un campo nevado para llegar al sitio de la ejecución.
Los guardias civiles estaban bien protegidos del frío con capas,
guantes y tricornios, pero aún así tiritaban a través
del yermo helado. El pobre prisionero, que sólo llevaba una
chaqueta de lana deshilachada,
no hacía más que frotarse el cuerpo casi petrificado,
mientras que se lamentaba en voz alta del frío mortal. A un
cierto momento, el comandante del pelotón, exasperado con los
lamentos, le gritó: ¢wCoño, acaba ya de hacerte el mártir con el cabrón frío. Piensa en nosotros, que tenemos que regresar. ¡@ |
³o½ú¤lÅý§Ú¦L¶H³Ì²`¨èªº¨Æ¡M¬O¤@«h³Ì´Ý§Ô«o¤]³Ì¤ÏÀ³¤H©Êªº¬G¨Æ¡C¦³¤H§â³o«h¬G¨ÆÁ¿µ¹¾¤¥d¦h¡E¿p¯Ã¯÷¡EĬ¥Ë¸qÅ¥¡C®É¬°¤@¤E¥|¤C¦~¡M¥L³QÃö¦b¦è¯Z¤ú¦h¹p¦h¬Ù¼Ú¥d¯ÇÂíªººÊº»ùØ¡C³o¬O¤@«h¯u¤H¯u¨Æ¡M±Ôz¦è¯Z¤ú¤º¾ÔÃzµo¤§ªì¡M¤@Ó¦@©M¬£ªº¥}¥Ç³Q©ë¸T¦b¨Èºû©Ô¬ÙªººÊº»¡MÄ~¦Ó³Qºj¨M³B¦ºªº´d¼@¡C¦b¤@Ó´H·»þ¨æ¡M¦B³·ª½¤Uªº²M±á¡M¦æ¦D¶¤±N¥}¥Ç©ì¥X¨c©Ð¡C¤j§å¤H°¨±o¨B¦æ¸g¹L¿n³·¿@«pªº¥Ð³¥©l¯à©è¹F¦æ¦D²{³õ¡Cĵ½Ã¶¤û¦UÓ¥þ®M³]³Æ¡M·¦ç¡N¤â®M¡N¤T¨¤´U¼Ë¼Ë»ô¥þ¡M§â¨Åé»q±oºò±K¡MµM¦Ó¨ÌµM¤£¼Ä¤Ñ´H¦a᪺«Iŧ¡M¦b¯î¿¾ªº¥³¥¤¤ª½¥´ÎG¶Û¡C¥i¼¦ªº¦D¥}¥u¬ï¤@¥ó¤w¿i·l¯}ªº¦Ï¤ò§¨§J¡MÀWÀW·b´|´Xªñá»øªº¨¤l¡MÁÙÃä¤jÁn«s¹Ä³on¤H©Rªº°§N¤Ñ¡C©ê«èÀW¤´ªº¨cÄÌÅ¥¨£¦ÕùØ¡M¦æ¦D¶¤ªø¤£@¤jµo¥ú¤õ¡M¹ï¥}¥Ç©Hý¡R
¡u§Ú¾Þ!§A°¨¤W´Nn¦¨¬°¥L¶ýªº°¤Ñ®ðªº^«i¯P¤h¤F!´À§ÚÌ·Q·Q!§ÚÌÁÙ±o¨«¦^¥h«¨!¡v ¡@ ¡@ (¥Zµn<<Áp¦X°Æ¥Z>>1996¦~11¤ë27¤é)
|
|